domingo, 7 de julio de 2019

La Fuente

La fuente se ríe de nosotros.

En lo mas alto del agua airada hay gotas que luchan por destacar, tocar un cielo indiferente que, irremediablemente, siempre las devuelve a la piedra.

En la casa de mi infancia, cada cierto tiempo, mi solemne y erguido abuelo podaba la buganvilla naranja y rebelde que martirizaba tapias y su equilibrio.

Lo hacía con unas tijeras rojas, con cinta de cuero. Le recuerdo siempre con una chaqueta de bolsillos sin fondo, invierno o verano. Y con una historia para contar.

Comía en la cocina con los chiquillos y allí, tras un flan que para el siempre era moreno, sin dirigirse a ninguno de nosotros en concreto decía cosas como:
"nunca pretendan ustedes ser la gota que mas alto suba; piensen que, como pasó conmigo, la fuente les puede cargar con el plomo de cualquier metralla y eso les lleve a hundirse en lo más profundo de la poza. Quizás, con tesón, consigan encontrar allí la fortuna de unas rojas tijeras de podar, pero claro, eso no siempre y no a todos ocurre..."

Se levantaba pesado, ajeno, y marchaba sin decir adiós. Iba a sentarse junto a la fuente, sin decir hola.

Estos veranos de ahora, que transcurren sin apenas fuentes, suelen traer recuerdos de mis héroes de infancia cuando me encuentro con alguna, escondida y cantarina, entre buganvillas rebeldes y naranja.


Photo CC0 by SimsalabimSabrina

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