jueves, 14 de mayo de 2026

Ratoncito

Hace ya algunos años, ni muchos ni pocos, se vino a vivir en mi un ratoncito tenue y querubín.

Ha sido niña, me dijeron. Como si eso importara. 

Corría por mis huesos, navegaba en su barquilla de risa por mis venas, hizo obras en mi alma, galerías anchas y luminosas del buen querer. Algodonó los nidos de mis recuerdos y en ellos aún duerme cada noche antes de que mis ojos se cierren con las chiribitas de sus primeros pasos, de su primer beso, de su primer "papá".

Muchas veces se acurrucaba en mi como un animalillo leve y cálido y jugaba en la caja de galletas donde guardo los hilos con los que coso mi alma cuando un roto, un traspiés, un que se yo...

Me quita el sueño, pero sigo dejando moneditas bajo mi almohada por oírla trastabillar y descubrir en la mañana que lamparita me regala para reanudar el vivir viviendo.

Continúo dejando cachitos de queso para que me siga, para que no deje nunca de creer que es Campanilla y me llame Peter, o que es lagartija y yo su linde de piedras donde encontrar refugio. Uvas y queso que, como todo el mundo sabe, saben a besos. En eso me afano.

Algún día, enamorada de su libertad y de sus gatos, la hermosa y dulce mujer en que se ha convertido dejará de jugar por mis pasillos. Y eso será porque tendrá sus propios ratoncitos, o mariposas, o abejas o flores. Pero yo seguiré atento al eco de mis huesos, mirando cada mañana bajo mi almohada, oyendo llamar por mi nombre entre campanillas, sintiendo su manita aferrada a un dedo índice que indicaba camino y ahora ya solo señala al cielo. Y soñando con uvas y queso.



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